Padres e hijos en la actualidad. ¡Papá, qué grande eres!

Las relaciones entre padres e hijos son cada vez más cercanas. Cuando tiene un año, el niño ya reconoce a su padre como una persona indispensable dentro de su círculo más cercano, y no siente su vida completa si él no está su lado. Sí, yo también pienso lo mismo, estos pequeños son así de simpáticos.

La relación con el padre marca la forma de ser de los hijos. Los papás lo saben y cada vez se preocupan más por dedicar tiempo de calidad a sus pequeños. No en vano, y según las estadísticas, el 94% de los padres españoles creen que estar con los hijos es el mayor placer que puede ofrecerles la vida.

La figura del “pater familiae” ha cambiado mucho en nuestro país. El nuevo padre ya no es el único proveedor de la familia, ni tampoco representa la figura autoritaria y lejana de antes; hoy es alguien que se involucra junto a la madre, desde el principio, en el cuidado diario de los hijos.

A pesar de todo, no hay duda: el papel del padre es distinto al de la madre. Para empezar, él se encuentra en cierta desventaja, ya que durante los nueve meses que dura el embarazo no tiene la posibilidad de sentirse físicamente tan cercano al bebé, algo que va preparando a la madre paulatinamente para desarrollar su nuevo rol y establecer pronto una estrecha relación con el recién nacido. El padre no vive en su propia piel este cambio, pero hoy en día se siente mucho más involucrado en el embarazo de su pareja. Además, gracias a las modernas pruebas médicas, entre ellas las milagrosas ecografías, el papá puede ver a su bebé, oír sus latidos, y sentirse muy cerca de él antes de que el pequeño llegue al mundo.

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Foto gracias a https://www.flickr.com/photos/jondejong/

Pero aún hay más: algunos estudios llevados a cabo por un grupo de investigadores del Memorial University de Canadá sobre la relación entre padres e hijos, han puesto de manifiesto que muchos hombres experimentan cambios hormonales similares a los que sufren sus parejas durante el embarazo, y que tras el nacimiento del bebé, su nivel de testosterona desciende un 33%, provocando importantes sentimientos de calma y ternura. Además, aunque no te lo creas, la empatía que siente el hombre con la embarazada también puede provocar cansancio, alteraciones del apetito e incluso aumento de peso. Así que no seas demasiado dura con él, y comprende “su parte de embarazo”. Estarás conmigo en que ¡eso sí que es compartir!

El roce hace el cariño

Una vez que el recién nacido ha llegado, la relación entre padres e hijos comienza a estrecharse. El bebé reconoce la voz masculina, que le recuerda a los momentos en que su papá le hablaba durante su estancia intrauterina, y ahora, al oírla, se tranquiliza. Y si el padre se involucra en sus cuidados diarios, como por ejemplo cambiarle los pañales o aliviarle el dolor de los cólicos, esta relación entre padres e hijos se va consolidando. Son precisamente los momentos vividos juntos, como por ejemplo la toma del biberón a medianoche o la hora del baño, los que provocan el roce. Y como dicen las abuelas, el roce hace el cariño. En otras palabras: en el caso del cariño entre padres e hijos, esperar hasta que el niño sepa hablar o jugar al fútbol para vincularse con él es cosa del pasado.

De todos modos, los cambios sociales de los últimos años han provocado que esto apenas suceda. Y es algo muy beneficioso, ya que los hijos de padres involucrados en su crianza se sienten más felices, son más sociables, rinden más en la escuela y tienen una mayor autoestima, sabiendo que sus necesidades físicas y emocionales pueden ser cubiertas tanto por papá como por mamá.

Padres e hijos. Ayúdale a crecer

La participación del papá en la crianza no sólo es positiva para el hijo. También lo es para él mismo, pues vivirá experiencias esenciales que le ayudarán a crecer como persona. Así, poco a poco se irá descubriendo en nuevas facetas que hasta ahora desconocía.

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Foto gracias a https://www.flickr.com/photos/johnnymd314/

Además, los vínculos que surgen entre padres e hijos juegan un papel muy importante en la progresiva independencia de los bebés y sus madres: Esta relación entre padres e hijos permite a los niños romper esta fusión, haciéndoles comprender que tienen una vida independiente de ellas. Gracias a ello se efectúa lo que los psicólogos llamamos el paso de la diada a la triada. Es lógico (y bueno) que la madre y el bebé estén muy unidos en los primeros meses, pero el padre activo debe tomar el relevo en los momentos oportunos, tranquilizando al bebé, probando otras formas de consolarlo… Y esta participación ayuda a que no se establezca una relación de absoluta simbiosis, un vínculo demasiado estrecho entre madre e hijo que no permite al pequeño construir su propia identidad.

Padres e hijos: Así es el papá… y así es el niño.

No cabe duda de que el refrán “de tal palo, tal astilla” tiene mucho de cierto. Y es que el carácter del padre influye muchísimo en la personalidad que desarrollará su pequeño.

PADRE
HIJO
Realista
Tranquilo y seguro
Autoritario y exigente
Emotivo y sin personalidad
Irritable
Desconfiado e indeciso
Débil
Caprichoso e inseguro
Desconfiado
Miedoso o contestatario
Optimista
Alegre y seguro de sí mismo
Hiriente
Inseguro
Divertido
Risueño y emprendedor
Inseguro
Inseguro y ansioso
Demasiado afectuoso
Muy celoso
Incomunicativos
Agresivo y violento
Madres, padres e hijos. Viva la Diferencia!

La presencia del progenitor en la vida del niño tiene más significados para el bebé, algunos ya notables desde el principio. Y es que papá hace las cosas de manera distinta a como las hace mamá: por ejemplo, al sostener al bebé no tiene una preferencia tan marcada por apoyarle contra el hombro izquierdo, como la madre, donde percibe los latidos cardíacos, sino que pronto suele sentarle entre sus piernas de modo que vea el entorno; el roce de sus manos también es distinto, su olor es otro y su forma de jugar es completamente diferente. Mientras la mamá juega con el niño de forma tranquila y pausada, padres e hijos juegan de manera diferente. El padre le ofrece un estímulo tras otro sin esperar su respuesta: le eleva en el aire imitando el sonido del avión mientras saca un peluche de debajo de su brazo. Y antes de que el bebé pueda reaccionar, ya tiene inventado otro juego. Esto hace que su pequeño se muestre más activo e intrigado.

Bien Complementados.

La forma de jugar del padre es arrolladora, mientras que la de la madre es más suave y acorde con el proceso madurativo del niño. Para el bebé, esta combinación de cualidades es ¡perfecta!, ya que se enriquecen y se complementan: el papá le invita a vivir nuevas sensaciones y le abre el paso al mundo, mientras que la mamá tiende a protegerle y a aumentar su seguridad.

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Foto gracias a https://www.flickr.com/photos/mikebaird/

 

Por ello, más adelante, muchas veces será el hombre quien decida que el niño ya debe dormir en su propia habitación, o comer solo, o montar en bici sin ruedas supletorias. También es cierto que en las relaciones padres e hijos, en ocasiones es la mamá la que juega el papel de intrépida, pero da igual, el caso es que ambos se complementan y que el niño se ve enriquecido, al recibir “una de cal y otra de arena”

Las relaciones entre padres e hijos cuando papá no vive en casa.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, cada año 70.000 parejas españolas deciden poner fin a su relación. En consecuencia, son muchos los niños que ven cómo se disgrega su unidad familiar. Aun así, la relación entre padres e hijos no tiene por qué verse afectada negativamente. En los primeros meses, tras la separación, el niño necesita que se le garantice su supervivencia a los niveles más básicos. Para que se sienta seguro es bueno que papá le explique que van a seguir haciendo juntos las mismas cosas que hacían antes (te iré a buscar al colegio, iremos al parque el fin de semana…). Una vez superada esta etapa, conviene acordar con la ex pareja cual va a ser el papel de cada progenitor. Si papá era el que se encargaba de las notas del colegio, después de la separación debería continuar así. Si no puede ser, deberá tomar las riendas de algún otro cometido para mantener activa su relación y que el niño sepa que él está siempre ahí.

Un ROL para cada Edad.

La función del papá en lo relativo a los vínculos entres padres e hijos, va lógicamente, en concordancia con las necesidades del niño en cada etapa de su infancia:

De 0 a 1 año. El bebé disfruta plenamente de los juegos de su papá, que contrastan con los de mamá y le animan a probar nuevas habilidades. A los tres meses ya prefiere su voz a la de cualquier otro hombre. A los ocho meses, nada más ver a su padre ya se regocija en los juegos con él, anticipándose a la acción, la risa y la sobreexcitación, pero a sabiendas de que también habrá momentos para descansar contra sus anchos y fuertes hombros. Le busca tanto como busca a su madre, y cuando lo encuentra siente una confortable sensación de paz y sosiego.

De 1 a 2 años. Cada vez distingue más los diferentes roles entre su madre y su padre, a los que reconoce como personas que forman parte de su círculo más importante. Prefiere estar con los dos a la vez, así es como se siente más seguro. Por eso llora cuando el padre se va y pregunta cuándo volverá, porque no siente su vida completa sin papá a su lado.

De 2 a 4 años. El niño imita por igual al padre y a la madre, pero empieza a disfrutar pasando tiempo a solas con cada uno de ellos. En esta época pasará por una fase de dependencia de uno de sus dos progenitores: si la madre se dispone a acostarle, protestará con un “¡No, quiero que venga papá!”, o al revés. Ésta es su manera de identificarse, ya que el niño y la niña están buscando su propia identidad sexual. Para el niño el papá es su ejemplo y su guía, el modelo con quien identificarse y competir, y mamá es el objeto de su amor. La niña, que se identifica con la madre, también necesita la figura paterna para conocer su femineidad y de sus reacciones aprenderá lo que a él le agrada o no, lo cual va reforzando poco a poco su identidad femenina.

De 4 a 6 años. A partir de los dos años padres e hijos comienzan a congeniar. Ahora el papá es el gran héroe de la casa. Es el hombre fuerte que encuentra solución a cualquier problema, es capaz de calmarle en los momentos de ansiedad y alejar los miedos que le impiden dormir. El niño se identifica definitivamente con él; imitándole en sus gestos y conductas, hasta en su forma de andar, intenta ser como él, ya que sabe que así agrada a su madre. Aprende en esta fase a dejar de competir con el papá (en la lucha por conseguir el amor materno), ya que acepta la realidad: papá y mamá forman una unidad y esto le gusta y le da seguridad, un paso positivo en su identificación sexual.

Foto gracias a https://www.flickr.com/photos/95072945@N05/
Foto gracias a https://www.flickr.com/photos/95072945@N05/

La niña acepta este hecho imitando a la madre, porque sabe que así agrada a su papá, un paso también positivo y fundamental en su proceso de maduración. Y tanto el niño como la niña disfrutan ahora de emprender actividades a solas con él. Contar con su padre, saber que está dispuesto a ayudarles en cualquier reto o dificultad, es muy importante. Porque, como pasa con mamá, ¡papá no hay más que uno!

Padres e hijos y su papel en las tareas del hogar

Es cierto que el nuevo padre dedica cada vez más tiempo a estar con sus hijos y a compartir las tareas del hogar con su pareja, ¿pero es suficiente? Según los últimos datos, los hombres invierten algo más de hora y media al día en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos, frente a las 5 horas que les dedican las mujeres. En comparación con años anteriores, los varones han incrementado el tiempo que destinan a las tareas domésticas, mientras que las mujeres invierten algo menos de su tiempo. Y en cuanto a lo que hacen ellos en casa, todavía el reparto no es demasiado equitativo: sólo el 1% de los padres españoles afirman que pueden encargarse sin ayuda de la colada. De la misma manera, el 87% nunca planchan la ropa, el 71% no limpian los cristales y el 65% jamás se encargan de limpiar el baño.

Foto gracias a https://www.flickr.com/photos/27760134@N03/
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Esas estadísticas sólo son una pequeña muestra del cambio a mejor de la sociedad en España. Padres e hijos pasan cada vez más tiempo juntos y el hombre se implica mucho más en el proceso de crecimiento de sus pequeños, aunque aún les cuesta implicarse del todo en las tareas domésticas: Les daremos algo más de tiempo…

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